El desastre de la bahía de Portmán


La bahía de Portmán es el mayor punto de contaminación del Mediterráneo. En Conama 10 se explicó la recuperación de la misma.


La imagen del lodo rojo deslizándose sinuosamente por Kolonta, al oeste de Hungría, permanece fresca en nuestras retinas. El pasado 4 de octubre reventaba la balsa que mantenía presos a siete millones de metros cúbicos de lodo envenenado y causaba un desastre que provocó la muerte de diez personas y supuso una catástrofe ambiental. Este desastre, aunque con diferencias, recuerda al sufrido en España hace más de una década en Aznalcóllar y vagamente al que es considerado como el mayor punto de contaminación costera en el mar Mediterráneo, la bahía murciana de Portmán.

De este último, de los planes de recuperación de la misma que comienzan casi 20 años después de que dejaran de verterse residuos en la costa, se habló en Conama 10, en la sesión técnica Protección de la biodiversidad y uso sostenible del mar. “El problema de Portmán no es nuevo, es un problema muy antiguo, de miles de años”, comenta Galo Díez, jefe de área de proyectos y obras de la Dirección General de Sostenibilidad de la Costa y del Mar del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. Díez fue el encargado de presentar en Conama los planes de mejora de las condiciones ambientales y del uso de la Bahía de Portmán durante el transcurso de la sesión técnica.

Ciertamente el problema de la Bahía de Portmán, situada al sur de la sierra minera de Cartagena y La Unión, no es nada nuevo. Durante siglos los cartagineses y los fenicios explotaron las minas para la obtención de piritas (fundamentalmente cinc, plomo y plata) y vertieron los residuos a la bahía. Sin embargo, la situación realmente complicada, explican desde el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, comenzó a finales de los años cincuenta del siglo XX.

Fue entonces cuando se constituyó la Sociedad Minera Metalúrgica Peñarroya para la explotación de los recursos mineros de la sierra. “En ese momento, con nuevos sistemas ya de tipo industrial se instala el gran lavadero ‘Roberto’, con un sistema de flotación diferencial para la separación de galena, blenda y pirita. Los estériles, la parte residual de esa separación, eran transportados por una tubería que vertía directamente al mar Mediterráneo”, explica Galo Díez. Esto se prolonga hasta el año 1992 que es cuando se cierran las instalaciones.

En el periodo en el que se vertieron residuos sin descanso (se calcula que más de 48 millones de toneladas) hubo recursos ante los tribunales, presiones y movilizaciones por el desastre ecológico que se estaba causando, según narran los periódicos de la época. Lo que en los años cuarenta era una honda Bahía de mar se fue colmatando año tras año hasta cubrir una superficie de 70 hectáreas con altos niveles de metales pesados y otras sustancias utilizadas en el proceso de separación del mineral.

Esos 48 millones de toneladas de estériles, que equivalen a 30 millones de metros cúbicos, contribuyeron a la vez en un 50% a la entrada de metales pesados en el mar Mediterráneo, situando a este enclave murciano como el punto más contaminado en este ecosistema. Diversos estudios sobre organismos que viven en la zona, como los mejillones, corroboran esa mayor concentración de metales.

A pesar de que en los noventa se parara de verter residuos al mar, no ha sido hasta hace poco cuando se ha comenzado a regenerar parte de la Bahía. “En una zona de 13 hectáreas se ha procedido a inertizar el relleno para evitar que éste, por los procesos que hay de oxidación de sulfuros, siga generando condiciones de inseguridad”, explica el responsable del Ministerio.

Ahora se va a proceder a repetir el proceso en 11 hectáreas más de terreno tras lo cual quedarán inertizadas y fuera de peligro todas las zonas “activas” en las que aún puede haber transferencia de metales pesados, según aclaran desde Medio Ambiente. Paralelamente, y con la colaboración de la Universidad de Murcia, se están haciendo estudios para ver la forma más eficaz para proceder al tratamiento de los sedimentos contaminados, por una parte, y a realizar estudios de transferencia de contaminantes y toxicología marina, por otra.

“El problema es que en las zonas donde hay procesos de oxidación hay transmisión de metales pesados, pero en las zonas donde hay anoxia no ocurre nada. Lo que está debajo del mar, por ejemplo, o a un metro de profundidad es completamente inerte. De esos 48 millones de metros cúbicos aproximadamente el residuo peligroso no pasa de un millón o dos como mucho”, concluye el experto.

 

Energías renovables en el mar y pesca sostenible

En el mar se conocen sólo cerca de 200.000 especies animales y menos de 7.000 de vegetales. La diversidad biológica del medio marino representa sólo cerca del 13% de la existente en tierra, algo paradójico si tenemos en cuenta que el volumen potencial para la vida en el mar es unas trescientas veces superior al del medio terrestre. Con estos datos se inició la sesión técnica ‘Protección de la biodiversidad y uso sostenible del mar’ celebrada en Conama 10.

La necesidad de que las inversiones en conservación se encaminen a la protección de la globalidad del medio ambiente y de los ciclos biológicos, así como a la concienciación de la sociedad centró la primera de las ponencias de dicha sesión. No fue, sin embargo, el único tema que se trató. En la sala también se debatió sobre los condicionantes para la implantación de proyectos de energías renovables marinas y la búsqueda de  emplazamientos óptimos para la generación de energías limpias.

En referencia a la pesca sostenible, por otra parte, se especificó que para poder alcanzar en 2020 un nivel adecuado de protección de los recursos marinos es necesario adecuar la actividad pesquera en dos aspectos: nivel de esfuerzo acorde con la capacidad de los recursos y desarrollo de artes más selectivas.

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