Y después de Nagoya, ¿qué?


La cumbre sobre diversidad biológica celebrada en Nagoya acordó la restauración del 15% de los ecosistemas degradados para 2020 y un incremento de los fondos destinados por los países para frenar la pérdida de especies.


El 2010 era un año muy especial para la biodiversidad. Se había llegado a la fecha marcada en la agenda internacional para frenar la pérdida de especies en el planeta sin conseguir resultados positivos y Naciones Unidas había designado 2010 como el Año Internacional de la Biodiversidad. En este contexto, en octubre se celebró en Nagoya (Japón) la décima reunión de la Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP10). ¿Qué pasó en esta cumbre trascendental? Una sesión técnica en Conama 10 analizó lo ocurrido en Japón y las estrategias más allá de 2010. Tras el fracaso en el cumplimiento de los objetivos propuestos para 2010, la nueva fecha marcada es 2020. Un aplazamiento que, como incidió Theo Oberhuber, coordinador de Proyectos de Ecologistas en Acción, debería tener en cuenta ahora las causas del fracaso anterior para no caer en los mismos errores.

En Nagoya se alcanzaron tres acuerdos principales. El primero de ellos fue la creación del Plan Estratégico del Convenio sobre la Diversidad Biológica. Según explicó la subdirectora de Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Marta García Pérez, el plan tiene una doble visión: una a largo plazo, de cara a 2050 y otra a medio plazo, en 2020. La restauración del 15% de los ecosistemas degradados, poner freno a la pérdida de servicios de éstos y la reducción de la pérdida de hábitats a la mitad, minimizar las presiones en los arrecifes de coral, fomentar la pesca sostenible o reducir la presión costera, son algunas de las veinte metas que la estrategia se ha marcado a medio plazo, de cara a 2020.

Los otros dos grandes acuerdos a los que se llegó fueron la aprobación del protocolo sobre acceso a los recursos genéticos y reparto de beneficios (Protocolo ABS) y la revisión de la estrategia de movilización de recursos, que vincula a todos los países en el incremento de los recursos humanos y financieros para luchar activamente contra la pérdida de biodiversidad. Tanto la representante del Ministerio como Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF España consideraron en la sesión técnica que la aprobación del protocolo ABS, marcaba “un hito” ya que garantiza la participación justa y equitativa en el reparto de los beneficios obtenidos de los recursos naturales. Brasil y otros países donde se encuentra un porcentaje importante de las especies del planeta dedicaron grandes esfuerzos en Nagoya para conseguir un acuerdo sobre el reparto equitativo de los recursos.

El representante de WWF analizó también las implicaciones de los acuerdos de Nagoya para España y enumeró cuatro pasos que en su opinión habría que dar. Primero, reforzar el papel de las políticas de biodiversidad. Segundo, eliminar los subsidios “dañinos” de la agricultura, el sector pesquero y la política de infraestructuras (España es el segundo país de la Unión Europea que más subsidios recibe para la agricultura y el sector agrícola ocupa el 70% del territorio de la Red Natura 2000). Tercero, orientar la ayuda oficial al desarrollo hacia la protección de la biodiversidad. Y cuarto, aumentar en España las áreas marinas protegidas, uno de los temas de mayor incidencia en la cumbre.

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