¿Se puede medir la felicidad?

 

Cada vez resultan más patentes las deficiencias del indicador económico por excelencia, el Producto Interior Bruto, para medir el verdadero desarrollo de los países. Frente a ese concepto surge uno nuevo que quiere desbancarle, se trata de la Felicidad Interna Bruta.


El indicador económico por excelencia, el Producto Interior Bruto (PIB), es cada vez más cuestionado. Algunos países como Francia o Reino Unido se plantean modificarlo, ya que consideran que no mide el verdadero desarrollo de un país ni la calidad de vida de sus habitantes. Estos estados, y una corriente cada vez más fuerte de pensadores, entienden que se deben valorar factores como la equidad del desarrollo, la sostenibilidad del crecimiento, la salud o la educación de la población. Si queremos apostar por un modelo de desarrollo sostenible, apuntan algunos, este desarrollo no debe medirse exclusivamente por la producción de bienes y servicios.

Frente al concepto del PIB, que mide exclusivamente la producción de bienes y servicios, surge un nuevo indicador: la Felicidad Interna Bruta (FIB). Este concepto, nacido en Bután en 1972, y sobre el que se habló en una sesión técnica celebrada en Conama10, se fundamenta en la promoción del desarrollo socio-económico sostenible igualitario, la preservación y promoción de los valores culturales, la conservación del medio ambiente natural y el establecimiento de la buena gobernanza. Para ello se utilizan indicadores medibles y cuantificables y dentro de ellos el desarrollo económico es una más de las dimensiones que se estudia. “La gestión equilibrada del tiempo es otra de sus dimensiones”, explicó en la sesión la catedrática de la UNED, María Novo. Para esta profesora, la falta de tiempo “está en la base de la insostenibilidad global”. 

En definitiva, el FIB se presenta como una alternativa para incluir en la medida de la riqueza de las naciones el bienestar y la felicidad de las personas, entendiendo que es muy difícil ser felices con los actuales niveles de desigualdad. “Con nuestro modelo de desarrollo se está poniendo en entredicho el desarrollo de las generaciones futuras”, advirtió el profesor de filosofía moral, Jorge Riechmann: “Hoy existen mejores condiciones que nunca para que todos y todas puedan vivir una vida buena y, sin embargo, la mayoría se ve excluida de ella y los niveles de desigualdad social siguen creciendo cada vez más”.

El concepto del FIB va más allá de lo que supone un mero indicador. Nelton Friedrich, director de coordinación de Itaipú Binacional, defendió que es todo un programa “de cambio social, político, económico y cultural profundo que reorienta el desarrollo de los países”. “Siempre se ha apostado por la riqueza material como situación ideal para alcanzar felicidad, pero la idea de cuánto más, mejor llegó al agotamiento”, sentenció. 

 
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