La configuración de la ciudad también educa
La educación ambiental va más allá de informar en centros escolares sobre los problemas ambientales que afectan al planeta. Se trata de educar en todos los ámbitos: desde la ciudad, la empresa, a través de los medios de comunicación, en los hogares y también en las escuelas.
¿Puede educar ambientalmente a los ciudadanos la forma en que está configurada una urbe? La respuesta es sí. O al menos eso es lo que se desprende de la intervención del director de la Fundación Cristina Enea, José Mª Hernández Gómez, en la sesión técnica ‘El papel de la educación ambiental en la relación global-local. El caso del cambio climático’ celebrada en Conama10.
“Por lo general, se tiende a considerar a las ciudades como meros continentes de personas y actividades, negándoles capacidad alguna de influir en la propia actuación de las sociedades que albergan. Sin embargo, algunas experiencias están demostrando que la propia configuración de la ciudad, y las actuaciones urbanísticas, de planificación y desarrollo, pueden ser en sí mismas acciones ejemplarizantes que pueden lograr modificación en los hábitos de los habitantes”, explicó en el transcurso de la sesión el director de esta fundación.
Así, si se toma una ciudad cualquiera, y se incide con criterios de sostenibilidad en su configuración y espacio urbano, esta propia actuación puede conseguir una modificación de los hábitos y patrones de actuación de la ciudadanía. “Es la propia ciudad la que educa. De esta manera, la propia masa social, al adaptarse a las nuevas formas de convivencia, más sostenibles, se convierte en un factor crítico que demanda nuevas actuaciones, retroalimentando el proceso de educación ciudad-ciudadanía”, recalcó Hernández, que fue el encargado de presentar las experiencias de buenas prácticas en el ámbito de las ciudades.
Ejemplo de ello podría ser la instalación de toda la gama de contenedores para la recogida separada de residuos. La propia existencia de esos elementos puede hacer que la ciudadanía sea más proclive a la separación para el reciclaje, sin apenas necesidad de campañas de concienciación. El hecho de modificar el paisaje urbano, por tanto, va a conllevar un cambio en los hábitos. También sirven de ejemplo los carriles bici en la ciudad de San Sebastián o de tantas otras ciudades. La experiencia de la ciudad vasca, y otras como la de diez centros educativos de Hospitalet del Llobregat que recogieron más de 2.000 litros de aceite usado al mes dentro de una campaña de sensibilización a los alumnos, fueron algunos de los casos de éxito de cómo educar en una ciudad.
Otro ámbito donde se debe educar más allá de los centros escolares es el de los propios hogares, ya que un tercio de las emisiones españolas de gases de efecto invernadero está asociado al consumo energético en los mismos y a los desplazamientos personales y familiares. El programa ‘Hogares Verdes’, promovido por el Centro Nacional de Educación Ambiental (Ceneam) y presentado en Conama 10, plantea a los participantes unos retos concretos de carácter colectivo: una reducción de las emisiones de CO2 del 5,2% y una reducción del consumo doméstico de agua del 6 al 10%. “Planteando estos objetivos concretos pretendemos fomentar una cultura de la medida en temas de energía y agua, pero también contribuir a vencer la sensación de insignificancia de los esfuerzos individuales, haciendo que los participantes se sientan protagonistas de un esfuerzo común”, explicó el coordinador del área de Cooperación, Francisco Herás Hernández.
Este programa en el que se informa y se educa en la eficiencia energética suministra además a los participantes unos kits que “facilitan unos cambios menos reflexivos y más prácticos e inmediatos”. El kit de ahorro doméstico incluye elementos como una lámpara de bajo consumo, un aireador para grifos, un rociador de ducha de bajo consumo o un termómetro digital. El kit de consumo verde, por su parte, incluye productos variados tales como alimentos procedentes de agricultura y ganadería ecológica o comercio justo.
¿Goza entonces la educación ambiental de buena salud? A pesar de todas las experiencias que se mostraron, durante la sesión técnica se planteó la falta de repercusión que algunas informaciones tienen en la acción diaria de las personas. “La educación ambiental es contracultural”, resumió Pablo Meira Cartea, profesor de Educación Ambiental de la Universidad de Santiago de Compostela. “Cuando en la televisión hacen un anuncio sobre eficiencia energética al segundo sale uno sobre los kilómetros que recorres con tu coche para ser feliz”, matizó Meira. De esta forma, concluyó, es complicado llegar a toda la sociedad si en la publicidad se está vendiendo una forma de vida poco ambiental.
María Novo, catedrática y titular de la Cátedra Unesco de Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible de la UNED, consideró, sin embargo, que lo ambiental goza de muy buena salud e incidió en la necesidad de actuar localmente para cambiar las cosas a nivel global: “Hay que seguir creyendo en la fortaleza de lo pequeño”, que se conecta a través de las redes en lo global, porque “el sistema tal y como está ahora mismo está suicidándose”.









